
Henry acaba de llegar al nuevo barrio, pero se aisla en su gris hogar sin la más mínima intención de entablar relación con nadie... hasta que una extraña mancha de humedad aparece en una de las paredes exteriores de su fachada y muchos comienzan a verla como una clara señal de Dios. Esperanza, la vecina más próxima, está segura que la mancha tiene la forma del rostro de Cristo, pero Henry se resiste. Pronto milagros empiezan a ocurrir y los secretos del nuevo inquilino salen a la luz.